martes, 14 de octubre de 2014

Permitir que me atraviese.


Actualmente nos encontramos inmersos en un cultura que esta enfocada a la inmediatez, como si  no tuviéramos tiempo para dejarnos sentir.  

Pareciera que debemos conservar una actitud "aparentemente positiva" aunque por dentro las emociones sean otras.

En especial con los sentimientos que nos son desagradables,  la mayoría de las veces hacemos todo lo posible por permanecer con el sentimiento desagradable el menor tiempo posible.

Por ejemplo, con la tristeza si una persona se encuentra triste por un periodo prologando de tiempo, podríamos pensar que puede estar deprimido.

Siguiendo con la tristeza como ejemplo, desde que somos niños introyectamos que los sentimientos que nos generan des confort no deben permanecer con nosotros mucho tiempo: "Llora por una razón que valga la pena...", "Te voy a dar una razón buena para que llores...", "No llores, no vale la pena." "¿Qué ganas con llorar?", "Llorando no solucionas nada."

Apenas tocamos con un sentimiento desagradable, tenemos el impulso de querer cambiar lo más rápido posible.

Yo creo que para soltar la tristeza, primero es necesario abrazarla. No dejar que ocupe todo el lugar, pero si verla y darle su sitio, con tiempo limitado.  

En el contexto de psicoterapia Gestalt Yontef dice: "Intentar cambiar antes de entender el sentimiento, y aceptar lo que está sucediendo en mi,  es muy diferente que intentar cambiar después de la haberme aceptado." 

Permitir que nos atraviese el sentimiento, es darle su lugar. Nos da la oportunidad de reconocer nuestras emociones tal y como están, entendiendo que es así como estamos en éste momento. De esta forma también podemos hacer una distinción entre el sufrimiento y el dolor.

Como estipula la imagen, el dolor que puede provocarnos una situación es inevitable pero el sufrimiento es opcional. El sufrimiento se alimenta de pensamientos obsesivos sobre el pasado, también por imaginación de escenarios que tienen un desenlace distinto al ocurrido, auto conmiseración y culpa. Y generalmente es muy difícil detener este tipo de pensamientos e imaginación pero si lo logramos podemos dejar que el dolor nos atraviese y detener el sufrimiento.

Luego de esto, viene un proceso diferente. Sanar, pedir perdón si lastimaste a alguien, re-acomodar lo que se haya desacomodado y finalmente cómo la piel, regenerar. 

Y así como un respiro nuevo, de pronto puedes volver a ver todo lo bello que nos rodea. La vida sigue y las tristeza también pasa. 

Me doy cuenta que esta explicación parece "sencilla" sin embargo cuando estamos atravesando un momento difícil, no lo es tanto. Pero poco a poco podemos ir aprendiendo a dejar que lo que sentimos nos atraviese, abrazarlo, reconocerlo y después aceptarlo para así llegar al cambio. Todo esto con el fin de tener procesos de duelo más sanos, más cortos y con grandes lecciones.

Ejercitemos el músculo de las emociones. Nuestro corazón.


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